El balance de fin de año para la fauna silvestre en el Valle de Aburrá es crítico. Durante diciembre de 2025, el Centro de Atención, Valoración y Rehabilitación (CAVR) del Área Metropolitana atendió a 34 animales afectados directamente por el uso de pólvora.
El reporte médico indica que el 32% de los animalitos ingresados fallecieron debido a traumas severos, fracturas y paros cardiacos provocados por el estruendo.
Zarigüeyas y aves: las más vulnerables
Andrés Alberto Gómez Higuita, supervisor del CAVR, confirmó que, de los 34 pacientes recibidos, 11 murieron a pesar de los esfuerzos del equipo veterinario. Entre los casos más graves se encuentran aves que cayeron de sus nidos y mamíferos que, en su desesperación por encontrar refugio, terminaron en viviendas o fueron atacados por animales domésticos.

La tragedia comenzó desde el primer día del mes. En la Loma de los Bernal (Medellín), una zarigüeya adulta murió tras caer de un árbol por el impacto sonoro de las detonaciones. Días después, en Robledo, una camada de crías quedó huérfana luego de que su madre fuera forzada a abandonar su refugio por el ruido, terminando muerta a manos de personas y sus crías atacadas por perros.
Nidos destruidos y especies desorientadas
La "Noche de Velitas" dejó un rastro de orfandad en la región. Especies como chamones, mieleros, tórtolas y cucaracheros perdieron sus nidos, algunos destruidos directamente por el impacto de "voladores". Muchos de estos individuos eran polluelos sin capacidad de sobrevivir por cuenta propia, quedando expuestos a la lluvia y a depredadores.
El impacto también alcanzó a especies nocturnas de alta sensibilidad auditiva:
En Envigado: Un murciélago fue rescatado en estado de debilidad extrema dentro de una unidad residencial.
En Belén: Un búho currucutú colisionó contra una vivienda tras un fuerte estallido, permaneciendo aturdido antes de lograr huir.
Un llamado a la coexistencia
El Área Metropolitana del Valle de Aburrá advirtió que la pirotecnia genera un efecto dominó de mortalidad; desorientación, estrés extremo, abandono de nidos y colisiones contra estructuras. La entidad reiteró que la pólvora no solo es un riesgo para humanos y mascotas, sino una amenaza directa para la biodiversidad urbana que habita el territorio.
